Novena, día cuarto.
Es hora de sanar.
Tenemos que hacer de la recomposición de los lazos vecinales un imperativo. Hay que ir desescalando la agresión. Hay que asumir el dolor ajeno como una corresponsabilidad y como un lugar de intervención. No veo otra manera de sanar el dolor propio. Hay que sanarnos como comunidad y reencontrar el sentido que Dios le dio a la idea de Iglesia. Ver en el otro la única salida posible, porque es en el otro, como ser, como parte y creación divina, donde vamos a lograr la sanación propia. Tenemos que entender que el otro, como Dios, es.
No voy a mentir tampoco: tengo muchísima rabia, desilusión, tristeza. Hay posiciones políticas que me parecen franca pereza mental, formas de corrupción y ligereza moral. Pero creo, también, que es el dolor el que funciona como lente preponderante. Sé, por mi experiencia lectora (variada en material, aunque con poquito tiempo), que no hay otra manera que la escucha honesta y el amor incondicional.
Hoy trabajo con la palabra. Es el último de los caminos que he recorrido. He sido profesora de música, cantante, docente, docente, docente, investigadora en derechos humanos, madre desde hace dieciséis años, traductora. He trabajado en puestos administrativos relacionados con educación; he coordinado y evaluado proyectos. Cuando puedo, hago karate, cocino, bordo, cuido, leo, amo.
No sé si logre otros textos de esta súplica. Pero les pido, por favor, que me ayuden a que nuestro presidente sea alguien que respete la palabra y lo que la palabra encarna. Que nos demos la oportunidad del perdón y la escucha. Desde y para el amor. Amén.

Genial. Coincido contigo.
ResponderEliminarTe me pediste de x hoy. Puedes enviarme tu novena?
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