Microespacios

Es mi estudio:  
hay marcadores y gubias,  
acuarelas y libros.  
Demasiados libros.  

Los más amados, perdidos;  
mensajes  
entre manos amadas  
y olvidos circunstanciales.

(Compa,  
no se le roban libros a una persona  
que vuelve a ellos  
para respirar  
en verde y oscuro).

Hoy este cuarto tiene apenas  
un microespacio de movimiento:  
no hay plantas ya,  
no hay nada de tomar:  
un labial,  
insecticida,  
un teclado que debe irse pronto.

Y me paro en este instante  
de caos.  

El dolor recuerda  
lo que el pensamiento exige:  
silencio,  
oscuridad,  
calma.

Quizá olvido.  

O el retorno, lento,  
a la curva sobre el papel,  
dibujando  
golpes de dados  
en mi universo.

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