Aim no cuin

Qué lugar debe habitar uno  

para preguntarse por la angustia, 

por eso que significa estar vivo.  


Para sentarse por horas 

a buscar un poema,  

un artículo en la hemeroteca,  

seguirle la pista 

a los pseudónimos infinitos 

de cuanta Pessoa exista.  


Quiénes deben 

tomar la esponja,  

guardar los platos,  

poner las cáscaras en bolsas,  

tomar las del vecindario  

y llevarlas hasta 

el terreno de sacrificio. 


En cuántas manos delegamos las caricias,  

en cuántas bocas las canciones,  

para permitirnos, 

con algo de tranquilidad,  

pensar en el ritmo, el motivo, la sinécdoque,  

o más simple, 

el color, el tipo de letra.  


Y si tanto trabajo nos diera, 

aunque sea, 

la bruma de la madrugada. 

Pero va uno a ver

y ni una imagen nueva entre

el Eclesiastés y Guattari.

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