Ft. Santa Lucía

Te cansas de mirar 
un horizonte de pérdidas
como si fueran aprendizajes:
una especie de evangelio
de lo silenciado,
un mapa de los pasos
que nunca vas a caminar.

El camino se reduce entonces
a lo que, con la delicadeza
del viento,
evitas.
Al engaño
de la piedra en el río,
de la rama quebrada.

Puede ser también 
que el folclore familiar
se repita en cascada
de hija a hija a hija a hija.

Generaciones infinitas de dolor 
causado y sostenido,
una maldición 
en la espalda
y una ceguera 
al futuro.

En todo caso,
respiro profundo 
y miro al frente.

No importa que 
el cono sur vuelva a ser el cono sur
(ahora entre la subalternidad y el metamodernismo).

Hoy soy los setentas
y los ochentas,
mientras me río 
con los ojos 
(cual mi santa)
en la mano.


Comentarios