No ha llovido

No ha llovido.

Ni siquiera una llovizna tonta.

Una de esas que se secan

antes de tocar la tierra.

El aire ya no quema, tampoco.

Viéndolo bien,

no hay tibieza

ni frío.

Está, quizá,

la angustia:

chinche insistente

apoderándose de las sábanas,

invisible,

miniatura,

intocable.

Fumigo minuciosamente.

Sabía que no iba a funcionar.

Es el exceso de material.

Las gotas secas

como una explicación detallada,

atiborrada de omisiones

Comentarios