Novena, día octavo

Todo está dicho. El sueño, la creación, la comunidad, la humanidad, la memoria.

Dios nos hace a su imagen y semejanza para ser responsables de esta tierra, que es nuestra tierra; para cuidarla y amarla. Nos da guías básicas sobre cómo actuar frente a los problemas vecinales, frente a la avaricia, frente a nuestra comunidad. Cuando esas guías requieren actualización, manda a Jesús a hacer el update: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu inteligencia y con todas tus fuerzas (...) Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

No es muy difícil saber qué es lo correcto. Tampoco es difícil entender las razones por las que actuamos en contra de esos dos mandamientos. Y, sin embargo, estamos acá, todos, en una especie de carrera agotadora contra una amenaza directa a todo lo que hemos intentado construir: el diálogo (que se demora y es imperfecto, pues es entre humanos), el equilibrio, el amor, un país, un continente en el que todos quepamos. 

En todo caso, creo que a todos nos vale pensar qué tanto nos mentimos y qué tanto estamos dispuestos a perder. Perder la oportunidad de tener y tener y tener; mentirnos cuando decimos que merecemos más. Qué hacer con este material que es el conocimiento y cómo ponerlo en acción. La palabra sola no basta, la acción detrás del escritorio no basta... en algún momento hay que poner manos a la masa y apoyar la vida. Votando, hablando, reuniéndose, enseñando, obligándose a no beber en el desierto, por más copas que nos ofrezca el mal. 

 Cierro con Miqueas, para los amigos de la palabra:

“Pobres de ustedes que meditan la injusticia, que toda la noche traman el mal, y al amanecer lo ejecutan cuanto está a su alcance. Si les gustan unos campos, se los roban; si unas casas, se las toman. Se apoderan de la casa y de su dueño, de un hombre y de su propiedad (...). Pero son ustedes los enemigos de mi pueblo, pues le quitan su manta al hombre bueno y hacen la guerra al que vive tranquilo. Arrancan de sus hogares tan queridos a las mujeres de mi pueblo y les quitan a sus hijos la libertad que yo les había dado”.

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