Poemas para no perder la cordura pt. 2
Nunca,
-sino hasta tarde-
entendí de la placa dental
en el tarro de galletas
que fungía de costurero.
Qué mujer, mi madre.
En las mañanas haciéndole frente al mundo
detrás de la tesorería del banco
mientras en las tardes
rodábamos colina abajo
en el parque
y hacíamos casitas de palitos en los potreros.
Había días en los que me llevaba con ella
a marchas gigantescas
cantando y gritando,
pancarta en la mano,
futuro en los ojos.
No sé en qué momento
nos olvidamos
y dejamos que el tiempo
-polilla peludita-
abriera huequitos en la esperanza.
Puede que no haya tanta paciencia
ante la angustia
el desamor
la derrota.
No importa.
Yo no tuve que hacerme una placa
mi hijo no tuvo que encontrarla
y eso ya es una victoria.

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