Jueves, día cuatro.

Sólo hay que sentarse y respirar.
No hay que decir que esto era  
lo que temíamos.

Sería inexacto.

No hay que decir 
que hay infinitos caminos para el pánico
no transitados aún.

Se nos dona 
(cual monumento a la justicia en Valpo)
el silencio.
Mírala. 
Esta es la rabia de Casandra.
Ni riesgo de criticar,
porque no es el momento,
-hay heridos, está empezando, los escombros, la lista de Naomi Klein-
nunca es.

Sonríe para la foto. 
Fluye irradiando luz, 
-dice el bello-.

La verdad 
esto es más que energía nuclear contenida.
Sentarse y respirar.
Barrer y respirar.
Escribir y respirar. 
-Por ejemplo-

A veces funciona.
Sigamos con esta disciplina
de hacer café y pasear perros a las 5:30.
Es claro que es la presión atmosférica
la que convierte la rabia en amor.

Me preparo para estos cuatro años.
Intento no ver bad omens
en el primer día hábil 
de la presidencia.

¿Quién me hubiera dicho cuando tenía 20 años
que barrer iba a contener
las ganas de irse al monte? 

Transiciones de mierda, digo yo.

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