Hidrografías
Si de alguna manera
camino la vida
es a partir del amor.
Ay, pero qué cursi.
Y bueno, ché.
Qué te puedo decir...
Jamás más amada que en el vientre del río.
I
Hay una
calidez en el amarillo,
esa luz que
se filtra
entre papeles
translúcidos de colores
en un cubo
que vuela
sobre un
humedal
lleno de
margaritas
Cada árbol carga
el olor de todos los bosques en su memoria
La guitarra en los dedos de mi papá
es todos los sonidos
de todos los bosques
y todos los mares
y todas las montañas
en un “mi niña”
III
Ay de la mí
que fue sol
rodando por
las colinas
recién
urbanizadas
planes de
vivienda integral
de palitos
y flores blancas
adecuadas
por igual
para
duendes y cucarrones
vivienda,
en cualquier caso,
mnemoresistente.
IV
Un día partí.
Si mis estudiantes me preguntan por lenguaje metafórico
les voy a decir esto:
partí.
Como se parte la vida,
como las células cuando se reproducen
y las lombrices que no saben
si quedarse en el pico
o en la tierra
y eligen las dos.
V
Bajo su
mano de violista
ondas y
vibraciones de todo tipo.
No fue sólo
el roce de la crin sobre la cuerda
o el staccato
– legato – staccato.
Fui aire y
agua pulsados
en
primavera
fui el olor
del jazmín en flor.
VI
Es el amor
el que en colores entrelaza
las manos con partituras y letras.
Con qué alegría
pasaba de esas copias de marfil y ébano.
a glissandos
y mitologías
verbos, pragmáticas, compases
todos iluminados
con una misma luz rojinegra.
VII
Hay edades
en que la tierra se confunde con la sangre
y todos los
sábados
a las siete
estaba
subiendo esa montaña
para cantar
rondas
y hacer
cometas
quizá ver
en esa multitud de ojos negros
la mano de
mi abuelo
soltando el
hilo
para
alegría
de todos
los cielos
de todos.
VIII
No voy a detenerme
en la discoteca de Cali esta vez.
Es que bien podría ser un páramo, o un cafetal.
Más fácil voy a decir
que la estética del viaje suena mucho mejor
que poner la ropa en bolsas
devolver los regalos y los sueños
- prefabricados o no-
y aprender a bailar.
IX
Soy de los
ríos
y los ríos
de las selvas,
los llanos,
las montañas.
Fui madre
en el Teusacá,
esposa en
el Roble
y amante en
el Cauca.
Quise tomar
las armas en uno que
recuerda la
tierra fértil de los caminos y
que guarda los
espectros de miles de mariposas.
X
No sé si el corazón en el Paraná
o el alma en el Río de La Plata
si los pulmones en el Amazonas
o la sangre en el Curvaradó
No sé qué viernes santo
ni qué piedra, qué montaña
sí sé
que un día
como Rosario, de un salto,
(yo, hacia mí misma, mi vientre finalmente)
seré bajo el agua
la luz del atardecer.

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